Cuando se han acercado a conocernos, algunas personas nos preguntan, ¿por qué se preocupan por los ancianos?, ¿cuál es su proyecto?. Nosotros hemos encontrado difícil responder estas interrogantes; sin embargo, consideramos que nuestra misión es ser una ventana de luz, esperanza y amor para los adultos mayores que sufren, como Antonio Machado lo describe en su poema (aparece al final de esta página).


Centro Geriátrico Sinankay


Todos sabemos que hay tres cosas en la vida que no pueden ser logradas por ningún hombre: no enfermarse teniendo un cuerpo que se enferma, no envejecer teniendo un cuerpo que envejece, y no morir siendo mortal. Estos tres hechos siguen siendo indiscutibles, a pesar de los grandes logros de la ciencia médica en el tratamiento de enfermedades y traumatismos. De cualquier forma, nuestra expectativa de vida ha aumentado, y cada día aumenta más. Uno de los grandes retos que afronta la Humanidad es cómo envejecer sin tantas penurias, sino con dignidad, y por qué no, siendo felices. También éste es nuestro proyecto.

El nombre que nos identifica: SINANK’AY es una palabra compuesta de origen maya que significa Vida en Armonía. (canto que se prolonga y extiende).

 

Armonía Indígena
Pintura hecha por niños indígenas

Vida en Armonía no sólo es nuestro lema, es nuestra Misión, pues nosotros creemos que una de las mejores formas de llegar a viejo, sano y feliz, es amando, sirviendo, y llevando armonía a los demás, sobretodo a los que sufren. También consideramos que las enfermedades como la Depresión, los Infartos Cerebrales, el Parkinson y el Alzheimer pueden evitarse si logramos que la armonía reine en todo nuestro alrededor.

Al finalizar el más sanguinario de todos los siglos, el mundo está sediento de paz, amor, justicia, libertad, diálogo, no-violencia, y nosotros sólo queremos una vida en armonía para todos.

 Los Ojos de Antonio Machado

        Cuando murió su amada
        pensó en hacerse viejo
        en la mansión cerrada,
        solo, con su memoria y el espejo
        donde ella se miraba un claro día

        Como el oro en el arca del avaro,
        pensó que guardaría,
        todo un ayer en el espejo claro.
        Ya el tiempo para él no correría.
        
        Mas pasado el primer aniversario,
        ¿cómo eran -preguntó-, pardos o grises,
        sus ojos?  ¿glaucos?... ¿grises?
        ¿como eran -¡Santo Dios! que no recuerdo?

        Salió a la calle un día de primavera, y paseó en -silencio
        su doble luto, el corazón cerrado...
        de una ventana en el sombrío hueco
        vio unos ojos brillar. Bajo los suyos
        y siguió su camino... ¡cómo esos!    

Centro Geriátrico Sinank’ay

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