En Busca de la Unidad El Alzheimer y las enfermedades demenciales Cada vez más se reconoce que nuestros problemas: políticos, económicos, sociales, ecológicos, sanitarios, existenciales y de otras índoles, así como sus soluciones, no atañen sólo a unos cuantos, sino a la Humanidad entera. La globalización en el mundo es un fenómeno actual que merece nuestra atención. El diálogo y la no-violencia poco a poco van ganando terreno para dirimir nuestras diferencias y una paz mundial se antoja probable.
Recientemente, muchas personas, sobretodo de la tercera edad preguntan inquietas: ¿Qué es la enfermedad de Alzheimer? La respuesta no es simple, este mal se manifiesta mediante un largo proceso degenerativo, progresivo, irreversible y hasta la fecha incurable, que ataca aquellas partes del sistema nervioso que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Se desconoce su causa, pero, generalmente el desarrollo de la enfermedad es lento, gradual, pudiendo prolongarse más de veinte años. La enfermedad lleva el nombre del Dr. Alois Alzheimer, el cual describió el deterioro del tejido cerebral de una mujer que había muerto de un padecimiento mental que entonces se creía poco común. Ahora, a los cambios anormales del cerebro que son característicos de este mal se les reconoce como la enfermedad de Alzheimer. Cabe destacar que existen otros males asociados, como la Senilidad, el Parkinson demencial o la Demencia vascular. Todas estas enfermedades se caracterizan por la fuerte pérdida de lucidez mental que presentan los sujetos que las padecen, pero difieren en ciertos aspectos. Por ejemplo, en la demencia vascular el trastorno no es gradual, sino por etapas. De cualquier forma, la enfermedad de Alzheimer es la que se está presentando con mayor frecuencia en la actualidad. Estas enfermedades pueden afectar a cualquier ser humano, independientemente, del grupo social o étnico al que pertenezca, o del lugar geográfico en que viva; y aunque el mal es más común entre personas mayores de 60 años, adultos más jóvenes también pueden padecerla. La enfermedad de Alzheimer se manifiesta de distinta manera en cada persona dependiendo de su condición física, personalidad y estilo de vida. De cualquier modo, son características, la pérdida de memoria, sobretodo reciente, la desorientación en el tiempo y el espacio, la dificultad para tomar decisiones, las señales manifiestas de depresión y/o agresión y la falta de autoestima. También se vuelven incontinentes y presentan una acentuada dificultad para hablar, comer, caminar o simplemente moverse. Con el tiempo no reconocen objetos conocidos, ni a sus familiares cercanos. Se pierden en su propia casa, peor aún están perdidos dentro de ellos mismos, sufren mucho. En su libro The Myth of Senility, el doctor Siegfried Kra, cita el caso de la esposa de uno de sus colegas, la cual escribió en un periodo de lucidez las frases entrecortadas siguientes:
A la fecha, la comunidad médica internacional desconoce la causa de la enfermedad de Alzheimer; sin embargo, se sabe que ni las infecciones, ni el endurecimiento de las arterias, ni la transmisión sexual, ni el mucho o poco uso de las capacidades intelectuales, ni la exposición al aluminio u otros metales son factores que puedan producir la enfermedad. También se sabe que tampoco es una etapa normal del envejecimiento en una edad avanzada. Entonces, ¿cuál es la causa? Todavía es un misterio, pero los médicos se inclinan a pensar que el mal es el resultado de una gama de factores. Últimamente, en el campo de la genética, se han localizado a tres genes anómalos a los que se atribuye una manifestación temprana de la enfermedad (antes de los 60 años) y otro asociado con el riesgo de desarrollar un comienzo tardío (pasados los 60 años). También se están realizando investigaciones para conocer la influencia de los estilos de vida, la familia y de diversos factores ambientales. Por ejemplo, la enfermedad aparece con más frecuencia entre la población japonesa residente en Honolulu que aquella que vive en Japón, y no es común entre los ancianos de Nigeria. Tal parece que el estilo moderno de vida que desplaza al adulto mayor, dejándolo sin un lugar, ni un sentido de vida, influye. Otras causas, tal vez puedan encontrarse, en el manejo inapropiado de los sentimientos en cuanto a pérdidas y apegos se refiere. A este respecto, es interesante observar que la enfermedad de Alzheimer inicia casi siempre con una depresión causada por una pérdida: un ser querido, un estilo de vida, el trabajo, bienes materiales, o cualquier fuerte apego para la víctima. Diagnosticar la enfermedad de Alzheimer en un paciente no es fácil, es necesario hacer una historia clínica detallada con la ayuda de la familia y llevar a cabo una serie de estudios neurológicos, neuropsicológicos y de laboratorio que permitan excluir otros males que provocan una sintomatología similar, como son la depresión, la hidrocefalia, la disfunción de la tiroides, y los tumores cerebrales, entre otros. De cualquier forma, el diagnóstico de la enfermedad sólo se puede confirmar con un estudio postmorten del cerebro. El diagnóstico temprano ayuda al familiar no solamente a estar informado sobre la enfermedad, sino también a saber cuáles pueden ser las expectativas. El diagnóstico es la primera etapa para poder planear el futuro. Los pacientes que padecen estas enfermedades demenciales representan un gran peso para el Sector Salud debido a que necesitan atención y vigilancia médica especializada, permanente. La falta de este servicio médico ha dado lugar a que los familiares asuman esta pesada responsabilidad sin tener la preparación requerida, llevándolos a la desintegración por desgaste físico, psicológico, moral y económico. Sin importar la clase de demencia que padezcan los pacientes necesitan de cuidados especiales las 24 horas del día, porque todo se les olvida, no recuerdan cuando comieron por última vez, se desvisten en cualquier momento y en cualquier lugar, se pierden en la calle, en su propia casa, el día y la noche les son indiferentes, y muchos, casi no duermen. La creación de centros de atención especializada es verdaderamente apremiante. Según los censos mundiales de población, en 1990 había cerca de un millón de personas con demencia en América Latina y el Caribe, y se estima, según los patrones de crecimiento poblacional que para el año 2020 habrá cerca de 2.5 millones de demenciados en esta región. Al tiempo que se escribe este artículo, existen en nuestro país más de trescientos mil personas que requieren de atención, y sólo hay un puñado de centros de ayuda, de los cuales Sinank’ay es casi el único que ofrece un servicio de 24 horas. Cabe aclarar que estos datos no toman en consideración fenómenos sociales, relativamente recientes, que pueden producir un enorme aumento de población demenciada, como el desempleo, la jubilación y el grave deterioro que ha sufrido la seguridad social, en buena medida causado, por la sensible reducción de la base de la pirámide poblacional, misma que en tan sólo 50 años se transformará profundamente de una proporción de 1 adulto mayor a 60 años por cada 14 mexicanos, a 1 por cada 4 personas. Si a esto se añade, la significativa reducción de los lazos familiares que han ocurrido en las últimas décadas a nivel mundial, debida, no sólo al debilitamiento del matrimonio, el divorcio, sino a que, simplemente, la familia nuclear se ha convertido en norma, dejando a los viejos abandonados a su propia suerte. Los resultados de este fenómeno pueden llegar a ser verdaderamente catastróficos. Por ejemplo, en el Reino Unido, uno de cada ocho ancianos vivía solo al finalizar la segunda guerra mundial, en cambio, ahora, uno de cada tres. Actualmente, más de la mitad de los adultos mayores viven solos en Dinamarca, y entre el 30% y el 40% en la mayor parte de los países occidentales. Aún en países que por siglos han tenido una fuerte tradición de veneración y respeto por los ancianos, como Japón, se observa este comportamiento social. El llamado a la Unidad es un clamor mundial, un imperativo sine qua non, para poder hacer frente a esta grave problemática global. Definitivamente consideramos, que llegó el momento de replantear a fondo nuestro “moderno” estilo de vida. A este respecto, tal vez este pensamiento oriental puede brindarnos alguna ayuda: Los antiguos que deseaban armonizar el Reino, lo primero que decidieron hacer fue gobernar bien sus propios estados. Deseando gobernar bien sus propios estados, primero ordenaron sus propias familias. Deseando ordenar sus familias, primero cultivaron sus personas. Deseando cultivar sus personas, primero trataron de ser sinceros de corazón y pensamiento. Deseando ser sinceros de corazón y pensamiento, primero buscaron conocerse a sí mismos. Descubrieron, que la auténtica Sabiduría reside en el conocimiento de uno mismo. Iniciado el conocimiento de uno mismo, sus corazones y pensamientos se sinceraron. Siendo sinceros de corazón y pensamiento, sus personas fueron cultivadas. Siendo cultivadas sus personas, sus familias se ordenaron. Siendo ordenadas sus familias, sus estados fueron gobernados con justicia. Siendo gobernados con justicia, todo el Reino vivió en armonía y fue feliz. Para concluir sólo deseamos compartir una experiencia de unidad, un sueño, un poema: Soy Todo. En aquella noche oscura Siento su energía en mi ser Mis brazos se tienden al horizonte de paz. Gozo de la armonía divina, universal. Soy Todo. Soy Todo. El espíritu sutil desciende. El Universo es en mí. Soy Todo. Bibliografía:
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