El nacimiento de una geriatra

En un mundo donde el culto a la juventud impera, lo peor que puede sucederle a uno es dejar de ser joven. Sin embargo, más pronto de lo que pensamos llegará el día en que la mayoría de nosotros seamos viejos.

En una sociedad donde, paradójicamente, todos queremos vivir muchos años, pero nadie quiere verse convertido en un senecto, es natural  que sean muy raras las personas que se interesen por los ancianos.

Por ello resulta de interés conocer el nacimiento de un geriatra, un médico especializado en el tratamiento de las enfermedades de la tercera edad.  

En una ocasión le pregunté a la Dra. Rosa Carvajal, “¿Por qué escogiste la especialidad de geriatría? “. Ella se me quedó mirando y me dijo, “Buena pregunta, de momento no sé que decirte; sin embargo, de pronto me acuerdo que de niña no tuve abuelitos. Mis amigas me hablaban mucho de ellos y de los regalos que recibían de su parte. Siempre me quede con muchas ganas de tener abuelos y disfrutar su compañía, sus historias, su cariño.”, “Entonces, de ahí surgió tu vocación”, le comenté.

La Dra. Rosa esbozó una sonrisa y continuó diciendo, “Sí, pero no sólo eso, en una ocasión me llevaron al hospital a una viejita que me conmovió, requería de muchos cuidados, se llamaba Virginia.

Y me llamaba la atención que sus familiares seguían recurriendo a mis servicios, de tiempo en tiempo, pues necesitaban quien los apoyara en el cuidado. No les importaba pagar varios días de hospital aunque Virginia no necesitara hospitalización, lo único que deseaban era poder descansar de su cuidado por unos días.

Así me percate de la carencia de servicios de salud especializados para la tercera edad y me prometí a mí misma crear una institución de salud que brindara esos cuidados. Los ancianos en  estado frágil me inspiran tanta ternura.”

Y después de una sonora carcajada, la Dra. Rosa agregó, “Todavía me sorprende cómo una mujer puede celar a su marido a los 112 años de edad. Los ancianitos son tan divertidos.”  

La Dra. Rosa retomó su relato y dijo. “Pero hubo una ancianita que me hizo decidirme totalmente por la especialidad de geriatría, se llamaba Georgina y yo de cariño le llamo Doña Orejas. Georgina era una de mis pacientes que  frecuentaba, pues padecía mucho del estómago. La atendía en su domicilio, la revisaba y dejaba mis indicaciones en una receta. Pero un día no tuve tiempo de revisarla y me limité a dejar mis indicaciones.

Tremendo error, pues Georgina se puso grave al poco tiempo, y al presentarme nuevamente en su domicilio le pregunté a sus familiares si habían seguido mis indicaciones, ellos me dijeron que no, que todas las recetas médicas las tenían bien guardadas, pero que nunca las habían utilizado porque Georgina siempre se había opuesto.

Y al entrevistar a Georgina le pregunté cómo se aliviaba, ella me respondió que gracias a la medicina de las orejas.

Pronto me percaté que se refería a la revisión médica mediante el uso del estetoscopio que se coloca en el corazón y en los diferentes órganos del cuerpo para escuchar su funcionamiento.”

La Dra. Rosa continuó diciéndome:  “De esta forma me di cuenta el estado de abandono en que se encuentran los ancianos, que son capaces de aliviarse de fuertes padecimientos con sólo escucharlos y darles un poco de contacto físico, de afecto.”

Y finalizó con estas palabras: “Así nació en mí el compromiso de dedicarme como profesional de la salud a la atención de la senectud.”

M. en C. Carlos Galván Garza, 2000

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