El Sentido de la Longevidad Llenos de esperanza de que se avecina una época de grandes retos y realizaciones, en la cual el Hombre, ¡por fin!, alcanzará la paz y la justicia tan largamente buscadas, todos nos preparamos para recibir no sólo un nuevo siglo, sino el inicio del Tercer Milenio de la Era Cristiana. ¿Qué portentos nos esperan dentro de unos pocos años? Sin miedo a errar, todo lo que la imaginación humana alcance a concebir, y de los cuales el Siglo XX, que quiere morir epopéyicamente, ya nos ha dado incontables muestras en cada faceta de la vida humana. Así, la luz eléctrica, el automóvil, el transporte aéreo, la radio, la televisión, el plástico, los artículos electrodomésticos, la computadora e innumerables productos y servicios más se han incorporado de lleno en nuestra existencia, transformándola.
Ante este panorama, si la enfermedad o peor aún la demencia es un gran riesgo en la tercera edad, ¿qué sentido tiene la longevidad?. Pues tal pareciera que es preferible que la muerte toque a tu puerta en un tiempo en que todavía eres joven, fuerte, sano. A pesar de todo esto, nosotros nos inclinamos a pensar que la longevidad tiene sentido. De hecho, consideramos que hablar de longevidad es hablar de calidad de vida, y que uno de los principales retos del Nuevo Milenio es eso: aprender a vivir con calidad a lo largo de nuestra existencia, pues nuestras posibilidades de llegar a viejo sano, feliz, aumentan en la medida en que sepamos cultivar el arte de vivir que es también el arte de ser felices. En nuestra búsqueda de la felicidad, hemos imaginado que basta que tengamos comida, ropa y casa para sentirnos dichosos, pero esto es una ilusión ya que la felicidad es un atributo de la mente, y la mente necesita ser entrenada para estar en paz para poder llenarla de dicha. Sin este entrenamiento aún en las circunstancias más solventes, nos sentimos infelices. Existen muchas naciones que están en la cúspide de la civilización materialista, poseen un estándar de vida que impresiona y retan a las naciones más pobres a que luchen por alcanzarlos. Pero, ¿han alcanzado la paz mental?. Acaso, ¿se han librado del miedo, el estrés, la ansiedad o el descontento? A todas luces, ¡No!. Lejos de llegar a ello, la Organización Mundial de la Salud nos muestra como las enfermedades mentales se están multiplicando en forma epidémica en todo el mundo. El sentido de la vida no es ganar más confort u otras cosas que intoxican, todo ello da una falsa sensación de felicidad. Ese camino no tiene fin. Los deseos se multiplican indefinidamente, el egoísmo hecha raíces y la capacidad de distinguir el bien del mal se diluye. Tómate un respiro y hazte estas preguntas: ¿existe verdaderamente un “estado” que podamos llamar “felicidad” ?. ¿puede alcanzarse acumulando cosas?. Con seguridad la respuesta que brota de tu corazón es simplemente ¡No!. La felicidad es solamente el intervalo entre dos miserias y la miseria es el intervalo entre dos momentos de felicidad. Debemos igualar la miseria y la felicidad y trascender ambas, enseñando a la mente a bucear profundo en los jardines de lo divino. El principal sentido de la longevidad es darnos cuenta que la finalidad de la vida es crecer y que la lección última es aprender a amar. A tu alrededor hay muchas personas que necesitan ayuda. Te podemos asegurar que al abrir nuestro corazón a las personas necesitadas hemos experimentado una satisfacción inmensa, y que la mayor felicidad consiste en ayudar a los demás. También es importante darse cuenta que todas las penurias que se sufren en la vida, todas las tribulaciones y pesadillas, todas las cosas que podríamos considerar castigos de Dios, son en realidad regalos. Son oportunidades para crecer, única finalidad de la vida. Por ello es importante que vivamos hasta morir y que aprovechemos toda ocasión de poner en práctica la lección suprema: el amor incondicional. Por último sólo deseo compartir un poema: Más allá del cieloI Más allá del cielo II Y si la sonrisa te acompaña, ¡Oh! Armonía, Por M. en C. Carlos Galván Garza. |