El cuidado de ancianos dependientes, ¿debe ser en el hogar?

En una encuesta realizada por la Comisión Europea se demostraba  que existe una gran cantidad, superior al 25% de personas mayores de 60 años, que son dependientes y requieren de atención. Asimismo, la encuesta señala que hay una gran variación en la disponibilidad de las familias cuando se trata de atender a un anciano discapacitado y frágil.

En Portugal, España e Italia, el 70% de los que respondieron la encuesta creen que las familias actuales están menos dispuestas a cuidar a sus ancianos. Además, con menos hijos nacidos en muchos países, México entre ellos, la  probabilidad de que el anciano sea atendido por sus hijos es cada vez menor.

Distintos países han adoptado diferentes acciones para hacer frente a este problema. Alemania, Holanda y Japón, por ejemplo, han introducido un seguro de dependencia, con los objetivos siguientes:

  1. Reforzar el cuidado prestado por miembros de la familia en el hogar

  2. Disminuir la dependencia de las personas ingresadas en residencias asistidas de ayuda social con el fin de ahorrar dinero al gobierno.

El seguro de dependencia paga los costos de atención para las personas frágiles y discapacitadas de todos los grupos de edad y está financiado por una deducción directa del sueldo de las personas que se hallan en la fuerza laboral y de las pensiones de los jubilados.

Aunque muchos grupos políticos en Alemania, Holanda y Japón apoyen estos objetivos, el valor de estas medidas ha de verse desde una perspectiva gerontológica y social. La atención en el hogar puede suponer un gran número de problemas prácticos, psicológicos y familiares, especialmente cuando se trata de personas con un elevado grado de dependencia.

A menudo las condiciones físicas y técnicas no bastan y los miembros de la familia carecen de conocimientos básicos sobre la atención que han de prestar. El 50% de los miembros de las familias cuidadoras son mujeres de 65 años o más y el 25% tiene más de 75 años. La atención por parte de la familia tiene sus limitaciones.  Adicionalmente, hay problemas sociales y psicológicos que deben tomarse muy en cuenta a este respecto:

  1. La atención en el hogar de una persona mayor que es dependiente puede llevar a la desintegración familiar: a la separación de los hijos adolescentes de sus padres y a graves conflictos de pareja.
  2. El cuidado familiar presupone que quien cuida es una hija, que el cuidador es una mujer. No es justo que estas pesadas responsabilidades familiares recaigan sobre el sexo femenino.

  3. El anciano dependiente puede ser mucho mejor atendido en un centro geriátrico o en al menos una residencia de ancianos, ya que  recibe el tratamiento médico y de enfermería que requiere, así como las terapias de sobreestímulo de capacidades residuales que son tan importantes para proporcionarle una buena calidad de vida en sus últimos años.

  4. Usualmente el anciano dependiente no tiene contacto con otras personas de su edad cuando es atendido en el hogar. El anciano se beneficia enormemente de la socialización cuando asiste a un centro geriátrico, algo que ha demostrado tener un impacto muy positivo en su salud y en su calidad de vida.

Cualquier política dirigida a la tercera edad, en países de rápido envejecimiento como México, ha de tener en cuenta estos hechos que ponen en entredicho la vialidad de la atención familiar como la mejor solución de atención de  ancianos dependientes.

De hecho, la tendencia “moderna” de política familiar que en muchos países sugiere que el cuidado familiar es la forma óptima de cuidar al anciano dependiente y frágil no tiene una base gerontológica sólida, en realidad se trata de una medida que ha sido motivada por el creciente número de personas mayores, las crisis económicas y la creencia que la atención familiar puede ser la forma más barata de resolver los problemas de atención prolongada.

Por M. en C. Carlos Galván, basado en información que proviene de la Universidad de Barcelona, España.

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