Sólo una propuesta: Adopta a Sinan k’ay en tu vida Sinan k’ay es una melodiosa palabra Armonía. En una ocasión un abuelo nos dijo: “Tengo ya setenta y ocho años y a lo largo de mi vida he visto mucho. Muchos jóvenes han muerto, muchos conocidos han muerto, muchas personas mayores han muerto. Numerosas personas encumbradas se han venido abajo. Muchos humildes se han encumbrado. Considerables países han cambiado. Ha habido muchos desórdenes y tragedias, guerras y plagas, demasiada y terrible destrucción en todo el mundo. Y, no obstante, todos estos cambios no son más reales que un sueño. Si miras a fondo, te darás cuenta que no hay nada permanente, ni constante, nada, ni siquiera el menor pelo de tu cuerpo. Y esto que te digo no es una creencia, sino un hecho que puedes llegar a percibir, conocer, e incluso ver con tus propios ojos.” Desde entonces nosotros con frecuencia nos preguntamos “¿Cómo es que todo cambia? Y la única respuesta que hemos encontrado es simplemente: Así es la vida. Nada, nada en absoluto posee el menor carácter duradero, todo cambia. Sin embargo, y a pesar de los vaivenes que tiene la vida consideramos que siempre es posible tener una vida llena de significado, y hacer de ella un hermoso canto que se prolongue y extienda con muy buenos frutos. De aquí surge nuestra propuesta: adopta a sinan k’ay en tu vida. Quizá los únicos que de veras comprenden cuán preciosa es la vida son aquellos que conocen su fragilidad. En una ocasión tuve la oportunidad de escuchar en un programa de televisión a una mujer que se estaba muriendo. Ella se hallaba muy angustiada, porque en realidad nunca había pensado que la muerte fuera real. Ahora lo sabía y tenía éste mensaje que darnos: “Tomen la vida y la muerte en serio”. Desde luego tomarse la vida en serio quiere decir que hemos de trabajar y ganarnos nuestro diario sustento, pero también significa que debemos prestar alguna consideración al sentido profundo de nuestra existencia. Nuestra tarea consiste en encontrar un equilibrio, una armonía, en encontrar el camino medio, en adoptar a sinan k’ay en tu vida, aprendiendo en no volcarnos en preocupaciones y actividades accidentales, sino en simplificar sabiamente tu vida cada vez más. La clave para encontrar un equilibrio feliz en la vida moderna es la sencillez. Así pues, en una época excesivamente complicada, lo que requerimos es simplificar nuestra vida. De aquí surge la paz mental y el tiempo requeridos para dedicarse a las cosas del espíritu y de la vida interior, lo cual te ayudará mucho a afrontar las vicisitudes, los cambios constantes, las crisis que la vida trae consigo. Lamentablemente, eso es algo que pocos hacemos. Quizá deberíamos formularnos la pregunta: ¿Qué he logrado realmente en mi vida? Con esto me refiero a cuanto hemos comprendido realmente acerca de la vida y la muerte. A este respecto, he hallado inspiración en las experiencias de casi muerte que recientemente han sido reportadas de personas que milagrosamente reviven después de un dramático accidente. Estas personas con asombrosa claridad y precisión reviven los acontecimientos de su vida y experimentan las emociones causadas por sus actos. Dice una de ellas: “Me di cuenta que todos hemos sido enviados para descubrir y aprender ciertas cosas. Por ejemplo, a compartir más amor los unos y los otros. A descubrir que lo más importante son las relaciones humanas y el amor, y no las cosas materiales. Y a darnos cuenta de que hasta la última cosa que uno hace en su vida queda registrada, y que, aunque uno no piense en ella y la deje de lado, siempre acabará surgiendo más tarde.” Lo que hicimos con nuestras vidas es lo que somos cuando morimos. Y cuenta todo, absolutamente todo. Una de las principales razones por las que tanto nos cuesta y tanta angustia nos produce afrontar la muerte es que ignoramos la verdad de la impermanencia, del cambio. Buda en una ocasión dijo: Esta existencia nuestra es tan pasajera Como las nubes de Otoño. Observar el nacimiento y la muerte de los seres es como contemplar los movimientos de un baile La vida entera es como un relámpago en el cielo; se precipita a su fin como un torrente por una empinada montaña. Tan desesperadamente deseamos que todo siga como está que en verdad creemos que las cosas continuarán igual. Desde luego, esto es meramente una ilusión. Lo más triste es que esta ilusión, con todas sus ideas y falsos supuestos, es el endeble cimiento sobre el cual construimos nuestra vida. En nuestra mente los cambios siempre equivalen a pérdida y sufrimiento. Y cuando se producen procuramos anestesiarnos en la medida de lo posible. Damos por supuesto, tercamente, y sin ponerlo en tela de juicio que la permanencia proporciona seguridad y que la impermanencia no. Pero en realidad, el cambio, la impermanencia es como algunas personas que encontramos en la vida: difícil e inquietante al principio, pero cuando se la conoce mejor, mucho más amigable y menos perturbadora de lo que hubiéramos podido imaginar. Reflexiona sobre esto: la percepción de la impermanencia es, paradójicamente, la única cosa de lo que podemos aferrarnos, quizá nuestra única posesión duradera. Es como el cielo o la tierra. Aunque todo a nuestro alrededor cambie o se venga abajo, ellos se mantienen. Naturalmente, incluso la Tierra tiembla de vez en cuando para recordarnos que no podemos dar nada por sentado... Si aún estas palabras te parecen lejanas date cuenta que nuestra vida actual es cambio permanente. Nuestro país ahora se está transformando de la dictadura de partido a la democracia y esto por sí mismo traerá un sin número de cambios. Por si fuera poco, México actualmente un país de jóvenes, se transformará radicalmente. En tan sólo 25 años los adultos mayores integrarán un sector de la población muy importante, de hecho 1 de cada 6 personas será senecto. Más aún, en 50 años los adultos mayores integrarán el grupo poblacional más numeroso, incluso mayor que el de los niños o jóvenes. ¿Estamos preparados para esta transformación? ¿Qué creen que ocurrirá si no somos capaces de combatir la pobreza que actualmente existe? Con seguridad veremos cantidad de ancianos pidiendo limosna en las calles o seremos testigos de muchos senectos que son abandonados en los parques. Entonces, ¿Qué necesitamos hacer? Tenemos la enorme tarea de aprender a generar riqueza, material y espiritual. Y esto significa, entre otras cosas, cambiar nuestra forma de pensar, derribando el mito de que la mendicidad es permisible y de que en cambio ser rico es malo. Es malo mendigar porque esto en sí mismo significa que uno es incapaz de hacer algo por sí mismo y los demás. También es malo ser avaro, pero no rico. De hecho, nuestro país necesita con urgencia personas que generen riqueza. Siempre que perdamos la perspectiva o nos dejemos llevar por la rutina diaria, reflexionemos sobre la fragilidad de la vida y seguramente la impermanencia, el cambio nos devolverá de una sacudida a la verdad, porque: Lo que ha nacido morirá, Por M. en C. Carlos Galván Garza |